Psicóloga con sesiones de terapia online. “La fortaleza de ser un emigrante”.

Emigrar no es fácil. Romper los lazos que nos une a un país, familia, amigos e idiosincrasia es uno de los duelos más difíciles de elaborar y una de las cosas que más sufrimiento provoca.

Las personas suelen decir que sienten como que se les arranca el corazón y que está en carne viva, el miedo es atroz, pero todo esto es como que no pueden decirlo porque si lo dicen no les creen.

Las personas del propio país me refiero al país dejado, los felicitan por estar viviendo en otro país piensan que son ricos, no solo económicamente sino también como personas ya que la idea que se tiene es que el tesoro esta siempre del lado del arco iris y el arco iris siempre se ve en frente, nunca donde estamos parados.

El que emigra lo hace porque suele quejarse de su país, las cosas que pasan, que la política, la inseguridad, tantas cosas, son a veces tan despiadados que incluso pensando en volver sienten que no pueden hacerlo por todo lo que han criticado su “tierra”…como se dice en otros países.

La verdad es que no está mal pensar en volver, ni tampoco está mal pasarla bien donde se esta, ya que muchas veces genera culpa sentirse tan bien en ese nuevo país y ver sus familia o amigos que se quedaron allá que están pasando por un mal momento y se suelen sentir como monstruos egoístas…que como se permitieron ser felices en otro lugar sin ellos.

Emigrar no es fácil…y no es para todos…tampoco hay que pensar que el que se fue es porque no tiene lazos afectivos, simplemente entendió que por más que se esforzara, sus deseos, sueños, objetivos y calidad de vida no podía tenerlos ni ahora ni en el futuro en su país de origen, así que la única alternativa fue mirar hacia el horizonte, hacia lo lejos y quizás pensar que en ese lugar se puede ser.

Cuando finalmente se toma la decisión, el tema es decidir el país, son tantos, este por el idioma, aquel por lo que se puede aprender, el otro por el clima y así se puede seguir indefinidamente, pero como sea y según las prioridades se elegirá un país y hacia allí se irá.

Los preparativos por lo general generan mucho entusiasmo y adrenalina, se imaginan cosas maravillosas, lugares que visitar, idiomas o estudios por aprender y nuevos amigos, pero cuando va llegando el momento de irse incluso el mismo día del viaje las piernas flaquean y el alma se estruje.

Es durísimo, el dolor es indescriptible, pero se siente que a pesar de todo se debe hacer, de que vale la pena… y allí van!

Cuando se llega al nuevo destino a veces incluso es mejor de lo que se pensaba y algunas no tanto…a veces se desilusionan ya que todo lo que creían o les habían dicho sobre su gente, cultura, forma de vida, etc., finalmente no era así o al menos no lo que habían entendido y es aquí donde empiezan a darse síntomas como si se rasgara la tela y ya no saben qué hacen ahí…porque no es ese el lugar.

Tenemos que distinguir la diferencia del que se va o Emigra porque busca una calidad de vida o porque consiguió un trabajo estupendo o la posibilidad de realizar un máster, con el que se va porque no le queda otra…no tuvo la oportunidad o la opción de elegir quedarse o irse…se quedó en el medio con un pie en cada país y es este el que sufre.

Porque perdió el trabajo que tenía, porque no se siente seguro donde vive, porque siente que no tiene motivos para quedarse.

El tema es siempre cuando no le encuentras sentido a lo que estás viviendo o donde estás viviendo.

Hay una frase que dice:

Da a quien amas, alas para volar, raíces para volver y motivos para quedarse”.

El problema con el que emigra es que no encuentra un motivo para quedarse porque no hay un proyecto.

El proyecto es lo que nos define, tanto para irnos, para quedarnos o para volver.

Si logramos armar un proyecto no solo viviremos este auto exilio como algo absolutamente positivo, sino también trataremos de sacarle todo el jugo posible para que si llegado el momento decidiésemos volver tendríamos un plan, un proyecto a armar y un plus, que nos haría sentirnos que no volvimos al pasado sino que volvimos hacia el futuro.

Construir este proyecto, que funcionará como un trampolín hacia el futuro no importa en qué dirección nos dirijamos es de suma importancia, valiosísimo y si no le encontramos la vuelta, si no sabemos cómo hacerlo o si no logramos verlo tenemos que saber que siempre podemos contar con un profesional de la salud/ psicólogo que puede acompañarnos y ayudarnos a ir viendo cómo hacerlo, como construirlo, como armarlo paso a paso con paciencia pero seguros de que lo que estamos haciendo es exactamente lo que queremos vivir, ya que “lo que construimos en el presente tiene eco en el futuro”.

Licenciada Adriana Giménez – Psicóloga.

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